“¿Sabes qué? Las personas pasamos peor por los
pensamientos que por la realidad” Le dije hace un rato a un amigo.
Hoy iba a
escribir. Iba a escribir de otra cosa… Tenía algunas ideas, algo ya escrito por ahí guardado... Pero la vida tiene esos
días en los que la cabeza no te para, en los que pensás incluso a pesar de vos. Esos días en los que te replanteas todo. De principio a fin, de pe a pa. No estás conforme con nada. O al menos eso
parece, ¿No? Las dudas nacen sin parar. Levantas una piedra y brotan. Y la
seguridad parece esconderse tan bien que encontrarla es casi un imposible.
Y no hablo solo de dudas profundas. Hablo de todo.
Esos días en los que te replanteas todo, realmente es todo. Te preguntas si estás yendo a donde
querés ir en la vida con la misma profundidad que usas para preguntarte si el
fondo de pantalla que tenes ahora en el celular ya no merece un cambio, o si es el shampoo lo que te está dejando medio feo el pelo.
Los
días de dudas son así. Íntegros. Y suelen darse los domingos, vaya uno a saber
por qué. El tiempo libre tal vez, no sé… Esa será una duda para otro domingo, que
este ya me costó otras tantas.
Y entre todo eso surge en mi esa idea nada original de
que sufrimos más por las cosas que nos imaginamos que por las que
realmente pasan. Nos aterra lo que va a pasar, lo que pudo haber pasado, lo
que viene y lo que se fue. Nos lastiman nuestras deducciones. Nos frenan nuestros prejuicios, nuestras ideas previas. “Porque fíjate que si la última conexión es a las 6 y la de ella
también es porque evidentemente estaban hablando”. “Tengo miedo de no poder con
lo que va a venir”. “Me tiene mal pensar en cuánto voy a extrañar a mi amiga
cuando se vaya de viaje”, “No quiero ni pensar lo que va a ser estudiar en
diciembre porque ya me pongo mal”, “Ya estoy sufriendo de imaginarme de malla".
Sobrestimamos a la realidad bastante más de lo que
deberíamos. Muchas veces la verdad es un tanto menos poderosa que nuestra
cabeza. “Estoy segura de que se fue con
otra”, “Te firmo que se enojó”, "Ya sé que me va a doler" , "No quiero ir. Ya te digo que la voy a pasar mal... Yo me conozco", "No es para mí, yo sé lo que te digo" "No necesito que me expliques nada, yo sé cómo son las cosas, me doy cuenta solita"
Dejemos la soberbia de lado
un ratito. Que no conocemos todo tanto como creemos. Que a veces la realidad es
mucho menos entretenida, y mucho, pero mucho menos dañina. Pensar lateralmente le decían en mi programa preferido de hace unos
años. La vida está llena de apariencias que engañan, de malentendidos, de cosas
dadas por hechas. Nos lastima creer que sabemos todo y no nos damos cuenta.
Creemos que somos el centro del mundo, que me
lo hizo para que me ponga mal. Y no. No somos el centro del mundo. Y
probablemente esa persona ni pensó en nosotros. Simplemente fue y vivió.
¿Y sabés qué? Tal vez nadie te vio, y esa vergüenza que pasaste a nadie le importó, nadie la notó. Y si
la notaron, seguro fue un tema más, que pasó. Como pasa todo: cada vez más
rápido.
Así que hoy voy a tratar de dejar de lastimarme un
poquito, aunque sea un poquito, con lo que creo que pasó, con lo que me parece
que piensan, con lo que deduzco que quieren. Al menos por hoy voy a tratar de pegarle como viene, dijera mi papá. De
jugar con las cartas que veo sobre la mesa sin intentar darme cuenta cuáles
son las del otro. Porque tengo que aceptar que hay muchas chances de que me equivoque.
Hoy sé lo que vi. Hoy hablo de lo que vivo, de lo que
me pasa, de lo que veo, de lo que siento. Lo que no vi, no lo sé. Lo que me
dijeron, no lo viví, simplemente me lo contaron. Lo que se comenta, no existe. Lo que creo que piensan de
mí, es eso, una creencia. Y nada más.