Una vez leí por ahí que un periodista le preguntó a una pareja cuál había sido su secreto para durar 65 años juntos... Y ellos respondieron que en la época en la que habían crecido las cosas que se rompían, se arreglaban. Fue bastante famoso eso, seguro todos lo leímos por algún lado. Cuando lo vi pensé que era exagerado, que no cuidábamos tan poco las relaciones. Y sin embargo, no sé por qué, últimamente les vengo dando la razón.
No tenemos la culpa de haber nacido en el momento que nacimos. No tenemos la culpa de vivir en una era en la que todo es descartable, todo dura un abrir y cerrar de ojos, todo nos cansa, nos aburre, nada nos es suficiente. El cambio se transformó en lo más común del mundo y la estabilidad parece darnos miedo. Los compromisos parecen ser enemigos. Todo lo que requiere esfuerzo, tiempo y paciencia pasó de moda, no vale la pena.
Y así vamos, conociendo, sumando experiencias, entreteniéndonos, reventándonos por un rato de diversión, acumulando personas, lugares, momentos... Y sintiéndonos solos los domingos de noche, necesitando abrazos de verdad, diciendo que "nadie nos conoce de verdad"... Es que vivimos tirando todo lo que no sirve, dejando atrás todo lo que nos incomoda, lo que nos molesta o nos desafía. Sin embargo, la esencia humana sigue siendo la misma que la de esos dos viejitos que se eligieron durante 65 años...
Es que aunque nos guste lo rápido, aunque el consumismo haya inundado casi todos los aspectos de nuestras vidas, aunque sepamos y defendamos que los jóvenes de ahora somos distintos, que las cosas cambiaron y que los tiempos son otros, hay cosas que no cambian. Todavía seguimos necesitando que alguien nos mire a los ojos y sepa lo que nos pasa. Seguimos soñando con que nos elijan todos los días, seguimos confiando en las amistades para toda la vida. Salimos a conocer el mundo, viajamos, hacemos nuevos amigos... Y nos esforzamos a más no poder para no cortar esos vínculos, forzamos la tecnología al extremo solamente para "que no se corte".
"Que no se corte", bien nuestro es eso. Es que seguimos queriendo "que no se corte", pero nos olvidamos que las relaciones no son cosas. Tal vez estamos tan rodeados de objetos que nos olvidamos de tratarnos como personas. Nos olvidamos que las relaciones generalmente no se cortan, las cortamos. Solo algunas veces los vínculos se disuelven a sí mismos...
"Que no se corte" depende de nosotros la mayoría de las veces. El problema es que para que no se corte hay cosas que hay que aceptar, hay momentos que hay que pasar, hay perdones que hay que pedir y perdones que hay que dar. Para que no se corte hay que pelearla, hay que ponerle huevos. Para que las relaciones crezcan es necesario que estemos ahí, que nos interese.
No tenemos la culpa de ser de este tiempo, pero sí tenemos la responsabilidad de aprender cómo cuidar los vínculos. Es verdad, la tenemos mucho más difícil de lo que la tenían los de antes. El doble de tentaciones aparecen todos los días, los tiempos son realmente otros, la oferta es mucho más amplia, las posibilidades también. Hoy las oportunidades son inmensas y nuestras ganas de aprovecharlas también.
Capaz nos estamos olvidando de que somos los mismos que todavía necesitamos abrazos, somos los mismos a los que nos impresionan las miradas profundas, porque son cada vez menos comunes. Somos los mismos que queremos con todas nuestras fuerzas encontrar a alguien que se quede con nosotros mirando la luna un rato. Los mismos que valoramos una charla profunda como oro porque son escasas. Somos los mismos esos que subimos fotos para tener likes, pero que deseamos que un día nada de eso importe porque en el fondo sabemos que lo que nos salva no está en ninguna red, sabemos que lo que nos salva es una palabra a tiempo, un apretón de manos, un "contame qué te pasa que vos estuviste llorando", un "te quiero", un "avisame cuando llegues".
Todavía tenemos con qué pelearla. Todavía tenemos tiempo de valorar lo importante y remar las relaciones. Todavía estamos a tiempo de tener "amigos de toda la vida". Estamos a tiempo de construir.
Y se nos van a desarmar las construcciones, pero estamos a tiempo de seguir eligiendo cuidar lo que es nuestro, de seguirla peleando por lo que creemos que vale la pena. No tenemos por qué no poder. Nos hicieron creer que "en estos tiempos que corren" no vamos a ser capaces de construir ninguna relación fuerte y duradera, porque "así somos". Y no. No somos así. Nos hicieron creer que somos así, y sin embargo, yo estoy segura de que tenemos todo para hacer durar las relaciones que realmente valgan la pena. Es verdad, tenemos mucha más libertad y desde ahí se convierte en algo más difícil cuidar los vínculos. Pero si lo logramos, va a ser mucho más valioso.
Yo sigo creyendo que vale la pena construir a largo plazo. Confiar, conocer, perdonar, aceptar, reparar, ordenar. Yo sigo creyendo que somos capaces de arreglar lo que se rompe.
No tenemos la culpa de haber nacido en el momento que nacimos. No tenemos la culpa de vivir en una era en la que todo es descartable, todo dura un abrir y cerrar de ojos, todo nos cansa, nos aburre, nada nos es suficiente. El cambio se transformó en lo más común del mundo y la estabilidad parece darnos miedo. Los compromisos parecen ser enemigos. Todo lo que requiere esfuerzo, tiempo y paciencia pasó de moda, no vale la pena.
Y así vamos, conociendo, sumando experiencias, entreteniéndonos, reventándonos por un rato de diversión, acumulando personas, lugares, momentos... Y sintiéndonos solos los domingos de noche, necesitando abrazos de verdad, diciendo que "nadie nos conoce de verdad"... Es que vivimos tirando todo lo que no sirve, dejando atrás todo lo que nos incomoda, lo que nos molesta o nos desafía. Sin embargo, la esencia humana sigue siendo la misma que la de esos dos viejitos que se eligieron durante 65 años...
Es que aunque nos guste lo rápido, aunque el consumismo haya inundado casi todos los aspectos de nuestras vidas, aunque sepamos y defendamos que los jóvenes de ahora somos distintos, que las cosas cambiaron y que los tiempos son otros, hay cosas que no cambian. Todavía seguimos necesitando que alguien nos mire a los ojos y sepa lo que nos pasa. Seguimos soñando con que nos elijan todos los días, seguimos confiando en las amistades para toda la vida. Salimos a conocer el mundo, viajamos, hacemos nuevos amigos... Y nos esforzamos a más no poder para no cortar esos vínculos, forzamos la tecnología al extremo solamente para "que no se corte".
"Que no se corte", bien nuestro es eso. Es que seguimos queriendo "que no se corte", pero nos olvidamos que las relaciones no son cosas. Tal vez estamos tan rodeados de objetos que nos olvidamos de tratarnos como personas. Nos olvidamos que las relaciones generalmente no se cortan, las cortamos. Solo algunas veces los vínculos se disuelven a sí mismos...
"Que no se corte" depende de nosotros la mayoría de las veces. El problema es que para que no se corte hay cosas que hay que aceptar, hay momentos que hay que pasar, hay perdones que hay que pedir y perdones que hay que dar. Para que no se corte hay que pelearla, hay que ponerle huevos. Para que las relaciones crezcan es necesario que estemos ahí, que nos interese.
No tenemos la culpa de ser de este tiempo, pero sí tenemos la responsabilidad de aprender cómo cuidar los vínculos. Es verdad, la tenemos mucho más difícil de lo que la tenían los de antes. El doble de tentaciones aparecen todos los días, los tiempos son realmente otros, la oferta es mucho más amplia, las posibilidades también. Hoy las oportunidades son inmensas y nuestras ganas de aprovecharlas también.
Capaz nos estamos olvidando de que somos los mismos que todavía necesitamos abrazos, somos los mismos a los que nos impresionan las miradas profundas, porque son cada vez menos comunes. Somos los mismos que queremos con todas nuestras fuerzas encontrar a alguien que se quede con nosotros mirando la luna un rato. Los mismos que valoramos una charla profunda como oro porque son escasas. Somos los mismos esos que subimos fotos para tener likes, pero que deseamos que un día nada de eso importe porque en el fondo sabemos que lo que nos salva no está en ninguna red, sabemos que lo que nos salva es una palabra a tiempo, un apretón de manos, un "contame qué te pasa que vos estuviste llorando", un "te quiero", un "avisame cuando llegues".
Todavía tenemos con qué pelearla. Todavía tenemos tiempo de valorar lo importante y remar las relaciones. Todavía estamos a tiempo de tener "amigos de toda la vida". Estamos a tiempo de construir.
Y se nos van a desarmar las construcciones, pero estamos a tiempo de seguir eligiendo cuidar lo que es nuestro, de seguirla peleando por lo que creemos que vale la pena. No tenemos por qué no poder. Nos hicieron creer que "en estos tiempos que corren" no vamos a ser capaces de construir ninguna relación fuerte y duradera, porque "así somos". Y no. No somos así. Nos hicieron creer que somos así, y sin embargo, yo estoy segura de que tenemos todo para hacer durar las relaciones que realmente valgan la pena. Es verdad, tenemos mucha más libertad y desde ahí se convierte en algo más difícil cuidar los vínculos. Pero si lo logramos, va a ser mucho más valioso.
Yo sigo creyendo que vale la pena construir a largo plazo. Confiar, conocer, perdonar, aceptar, reparar, ordenar. Yo sigo creyendo que somos capaces de arreglar lo que se rompe.
