A veces la vida no nos explica las cosas cuando nosotros queremos entenderlas. La mayoría de las veces las cosas pasan sin que las estemos esperando, sin previos avisos, pasan así de golpe. Al menos las cosas más importantes, ¿O no? Las cosas lindas, bienvenidas. No buscamos explicaciones a esos regalos de la vida que nos alegran y nos hacen tanto bien. Los recibimos con los brazos abiertos, no necesitamos entenderlos para disfrutarlos. Pero a veces esas sorpresas no son tan lindas, no nos alegran sino que lejos de eso, nos hacen mal. A veces las cosas salen totalmente distintas a cómo lo habíamos pensado, los planes fallan, cambian sobre la marcha o simplemente se terminan (o nos los terminan). Y ahí si. Ahí si que buscamos explicaciones, damos vueltas y más vueltas, volvemos una y otra vez sobre nuestros propios pasos para entender qué hicimos mal, qué falló, qué tendríamos que haber hecho, qué podríamos haber evitado, dónde fue que le erramos.
Buscamos y buscamos, una y mil veces.
Y ¿Sabes qué? A veces encontramos errores, defectos, equivocaciones o accidentes que ya no pueden remediarse, de los que podemos aprender, pero que no podemos cambiar. De los que no queremos repetir, pero que ya pasaron y capaz, no pudimos evitar. Y otras veces simplemente no encontramos nada. No entendemos nada. No hay coherencia, nada tiene sentido, nada explica, justifica o anticipa al menos lo que pasó.
¿Y ahí qué?
Ahí es cuando hay que darle a la vida el tiempo que ella tiene, que es tan distinto al nuestro. Es cuando hay que entender que no vamos a tener las respuestas que queremos cuando las queremos y que tenemos que aceptar incluso lo que no somos capaces de entender. Podemos enojarnos, putear, pensar y repensar, pero los hechos son hechos y lo que pasa, pasa más allá de que lo queramos o no. Podemos elegir enojarnos y seguir dándole vueltas a lo mismo, seguir metiendo el dedo en la llaga o podemos dar vuelta la página y ser capaces de no entender algunas cosas de la vida, pero no estancarse en ellas.
Hay dudas que conviven con nosotros y con las que tenemos que aprender a andar. A veces esas dudas con el tiempo se disipan y te juro que la sensación de decir "Mirá por qué me pasó... Y yo que me quejaba" es de las más gratificantes, de las más sanas y lindas que podes sentir.
Cuando todo vuelve a tener un sentido, cuando entendes por qué pasó lo que pasó cuando vos no te lo esperabas, es como reencontrare con las cosas lindas, es como volver a abrazarte con la vida, con tu vida, es un abrazo que te das a vos mismo.
Cerrar círculos, abrir nuevos, concluir historias, responder preguntas, son sin duda de las cosas más justas que existen. Pero para que eso pase, primero hay que aprender a vivir con esas dudas, con esas historias inconclusas, con esos ¿Por qué?, con esas idas y vueltas que no entendemos.
Porque la vida maneja otros tiempos y aprender a aceptar tiempos distintos a los nuestros es tan difícil como necesario. Pero intentemos hacerlo e intentemos confiar, incluso cuando eso parezca iluso, porque yo no sé cómo lo sé, pero por algo pasan las cosas. Y no es porque si.
Buscamos y buscamos, una y mil veces.
Y ¿Sabes qué? A veces encontramos errores, defectos, equivocaciones o accidentes que ya no pueden remediarse, de los que podemos aprender, pero que no podemos cambiar. De los que no queremos repetir, pero que ya pasaron y capaz, no pudimos evitar. Y otras veces simplemente no encontramos nada. No entendemos nada. No hay coherencia, nada tiene sentido, nada explica, justifica o anticipa al menos lo que pasó.
¿Y ahí qué?
Ahí es cuando hay que darle a la vida el tiempo que ella tiene, que es tan distinto al nuestro. Es cuando hay que entender que no vamos a tener las respuestas que queremos cuando las queremos y que tenemos que aceptar incluso lo que no somos capaces de entender. Podemos enojarnos, putear, pensar y repensar, pero los hechos son hechos y lo que pasa, pasa más allá de que lo queramos o no. Podemos elegir enojarnos y seguir dándole vueltas a lo mismo, seguir metiendo el dedo en la llaga o podemos dar vuelta la página y ser capaces de no entender algunas cosas de la vida, pero no estancarse en ellas.
Hay dudas que conviven con nosotros y con las que tenemos que aprender a andar. A veces esas dudas con el tiempo se disipan y te juro que la sensación de decir "Mirá por qué me pasó... Y yo que me quejaba" es de las más gratificantes, de las más sanas y lindas que podes sentir.
Cuando todo vuelve a tener un sentido, cuando entendes por qué pasó lo que pasó cuando vos no te lo esperabas, es como reencontrare con las cosas lindas, es como volver a abrazarte con la vida, con tu vida, es un abrazo que te das a vos mismo.
Cerrar círculos, abrir nuevos, concluir historias, responder preguntas, son sin duda de las cosas más justas que existen. Pero para que eso pase, primero hay que aprender a vivir con esas dudas, con esas historias inconclusas, con esos ¿Por qué?, con esas idas y vueltas que no entendemos.
Porque la vida maneja otros tiempos y aprender a aceptar tiempos distintos a los nuestros es tan difícil como necesario. Pero intentemos hacerlo e intentemos confiar, incluso cuando eso parezca iluso, porque yo no sé cómo lo sé, pero por algo pasan las cosas. Y no es porque si.
