Nos acostumbramos a vivir pensando en nosotros mismos. Crecimos y entendimos que "cada uno sabe lo que hace", que si no te cuidas a vos mismo, nadie tiene por qué hacerlo. Y en parte es verdad. Capaz sabemos un poco más de lo que hacemos, o no. No sé. Pero tuvimos que hacernos los que sí sabiamos. Nos hicimos cargo de lo que antes dejábamos pasar como errores y nada más. Tuvimos que justificarnos, aceptarnos y poner la cara por cosas que antes las solucionábamos escondiéndonos de nosotros mismos. Y es verdad, cada uno sabe lo que hace, o debería. Pero ¿Sabes qué? Nos duela o no, nos cueste aceptarlo o no, a veces necesitamos del de al lado. A veces necesitamos de esa persona que venga y nos diga que la estamos cagando, que nos vamos a arrepentir. A veces aunque huyamos de escuchar lo que nos duele, aunque quiéramos tapar lo que estamos haciendo mal, hay alguien que va a estar ahí, para venir y gritarnos en la cara lo que no queremos escuchar. Y nos va a doler y hasta nos vamos a enojar, vamos a negarlo y vamos a llorar, porque en el fondo sabemos que tiene razón. Pero es que a veces solos no podemos, y no tenemos por qué poder. A veces es normal y necesario tener a alguien al lado que nos frene, por más que duela.
Y a esas personas que nos dicen las cosas que nos duelen, que nos cantan la justa, mejor no perderlas. Mejor cuidarlas. No sea cosa que un día esas personas ya no nos digan más lo que estamos haciendo mal, porque se cansaron de que elijamos seguir escondiéndonos de nosotros mismos.
Y a esas personas que nos dicen las cosas que nos duelen, que nos cantan la justa, mejor no perderlas. Mejor cuidarlas. No sea cosa que un día esas personas ya no nos digan más lo que estamos haciendo mal, porque se cansaron de que elijamos seguir escondiéndonos de nosotros mismos.
