Y si. Es así. En un momento tenes que frenar. En un momento tenes que hacer un "parate", mirar para atrás y ver hasta que punto llegaste y hasta dónde queres y te hace bien llegar.
No venimos a la vida a mendigar amor... No tenemos por qué y nos olvidamos fácil de eso. Entramos en una rosca de dar, dar, dar, sin recibir nada a cambio y nos terminamos acostumbrando, como si estuviera bien, como si fuera lo que nos merecemos. Ni siquiera lo cuestionamos y tampoco damos lugar a que nos lo cuestionen... Es así y punto. Empezamos dejando pasar algunas cosas, después el orgullo va cediendo, de a poco hasta desaparecer. Esa persona "orgullosa" que decíamos ser se va, se transforma y empieza a dar el brazo a torcer más seguido. Y no está mal. Claro que no está mal... Es parte de crecer, de querer. Ceder es parte de todo eso. Ser un poco más flexible, priorizar un poco más al otro a veces o dejar de lado algunas cosas por hacer feliz a los que queremos. Y está bien. Nos aleja del egoísmo. Nos vamos mostrando a nosotros mismos qué es querer, qué significa... Terminamos sorprendidos de lo que somos capaces de dar por el otro... Sin esperar nada a cambio.
Pero tiene que haber un balance, tenemos que medir lo que damos. Es que a veces, o bastante seguido nos olvidamos de que la primera persona en cuidarnos tenemos que ser nosotros mismos, que nadie se va a poner por delante nuestro... O sí, pero que no tenemos que esperar que así sea. Hay límites. Podemos querer al otro mucho, muchísimo. Podemos amar hasta que duela, y no está mal... Siempre nos va a doler un poco. Pero un poco. No nos puede doler más de lo que nos hace felices. No podemos decidir seguir peleando por algo que solamente nos hace perder, o perdernos de nosotros mismos, que nos aleja de la felicidad, de la alegría, de la risa. No podemos querer algo que nos hace llorar más que reír.
Y tenemos que ser nosotros mismos los que digamos "basta", "hasta acá". No alcanza con que nos hablen de afuera, no alcanza con que nos quieran convencer, con que intenten hacernos ver que estamos dando demasiado por el otro. Lo único capaz de hacernos abrir los ojos es el amor propio. Y es por eso que tenemos que usar nuestro tiempo en cosas que nos hacen felices, para querernos más y valorarnos más, para ser conscientes de lo que nos merecemos y no conformarnos con menos. Porque no venimos a sufrir, porque no tiene sentido, porque la vida es linda cuando queremos ser felices, cuando así lo elegimos... Y si no lo es tanto como queríamos, al menos es mejor. O al menos podemos tener la tranquilidad de que estamos haciendo lo posible para ser felices... Que si no nos sale, que si no lo somos, ya es otro tema, pero la tranquilidad de dar todo para intentar ser feliz nos da paz, paz de verdad.
Nadie tiene el deber, el trabajo o la obligación de pelear porque estemos bien. Seguramente estemos rodeados de personas que darían su vida por vernos felices ¡Y qué afortunados somos de eso! Pero la primera persona que tiene que dar su vida por ser feliz somos nosotros mismos. La gente que la lucha todos los días para ser feliz, esa es la gente buena onda. Y no es andar por la vida con una sonrisa constante, tampoco es eso. Es cuidarse, quererse, alejarse de lo que hace mal, evitar lo tóxico y perseguir la risa.
Porque el verdadero amor es quiénes somos y a dónde vamos
No venimos a la vida a mendigar amor... No tenemos por qué y nos olvidamos fácil de eso. Entramos en una rosca de dar, dar, dar, sin recibir nada a cambio y nos terminamos acostumbrando, como si estuviera bien, como si fuera lo que nos merecemos. Ni siquiera lo cuestionamos y tampoco damos lugar a que nos lo cuestionen... Es así y punto. Empezamos dejando pasar algunas cosas, después el orgullo va cediendo, de a poco hasta desaparecer. Esa persona "orgullosa" que decíamos ser se va, se transforma y empieza a dar el brazo a torcer más seguido. Y no está mal. Claro que no está mal... Es parte de crecer, de querer. Ceder es parte de todo eso. Ser un poco más flexible, priorizar un poco más al otro a veces o dejar de lado algunas cosas por hacer feliz a los que queremos. Y está bien. Nos aleja del egoísmo. Nos vamos mostrando a nosotros mismos qué es querer, qué significa... Terminamos sorprendidos de lo que somos capaces de dar por el otro... Sin esperar nada a cambio.
Pero tiene que haber un balance, tenemos que medir lo que damos. Es que a veces, o bastante seguido nos olvidamos de que la primera persona en cuidarnos tenemos que ser nosotros mismos, que nadie se va a poner por delante nuestro... O sí, pero que no tenemos que esperar que así sea. Hay límites. Podemos querer al otro mucho, muchísimo. Podemos amar hasta que duela, y no está mal... Siempre nos va a doler un poco. Pero un poco. No nos puede doler más de lo que nos hace felices. No podemos decidir seguir peleando por algo que solamente nos hace perder, o perdernos de nosotros mismos, que nos aleja de la felicidad, de la alegría, de la risa. No podemos querer algo que nos hace llorar más que reír.
Y tenemos que ser nosotros mismos los que digamos "basta", "hasta acá". No alcanza con que nos hablen de afuera, no alcanza con que nos quieran convencer, con que intenten hacernos ver que estamos dando demasiado por el otro. Lo único capaz de hacernos abrir los ojos es el amor propio. Y es por eso que tenemos que usar nuestro tiempo en cosas que nos hacen felices, para querernos más y valorarnos más, para ser conscientes de lo que nos merecemos y no conformarnos con menos. Porque no venimos a sufrir, porque no tiene sentido, porque la vida es linda cuando queremos ser felices, cuando así lo elegimos... Y si no lo es tanto como queríamos, al menos es mejor. O al menos podemos tener la tranquilidad de que estamos haciendo lo posible para ser felices... Que si no nos sale, que si no lo somos, ya es otro tema, pero la tranquilidad de dar todo para intentar ser feliz nos da paz, paz de verdad.
Nadie tiene el deber, el trabajo o la obligación de pelear porque estemos bien. Seguramente estemos rodeados de personas que darían su vida por vernos felices ¡Y qué afortunados somos de eso! Pero la primera persona que tiene que dar su vida por ser feliz somos nosotros mismos. La gente que la lucha todos los días para ser feliz, esa es la gente buena onda. Y no es andar por la vida con una sonrisa constante, tampoco es eso. Es cuidarse, quererse, alejarse de lo que hace mal, evitar lo tóxico y perseguir la risa.
