tiempo al tiempo

En una era del "todo ya", el "ahora", lo "instantáneo". Aprieto y salta, hago clic y aparece. Necesito contactar a alguien y le mando un whatsapp, puedo ver si lo vio, puedo saber cuándo fue la última vez que estuvo ahí... Y si no responde le mando un mensaje y de última llamo... O llamo a una amiga, a su madre, al novio de mi amiga, pero contacto a quien quiero, rápido, ahora. No espero. Necesito que sea ya. 
Quiero comprar algo ya. Y no importa que no esté lo que quiero comprar en el mismo lugar que yo. Lo encargo por internet y lo tengo, viste? Por suerte funciona bárbaro. 
Me quiero enterar qué pasó en la otra punta del mundo y son tres minutos... Dos clics y estamos. 

¿Será que es todo eso tan fácil que nos cuesta aceptar más lo que no podemos controlar? Yo creo que estamos acostumbrados a tener lo que queremos o necesitamos demasiado rápido, demasiado fácil. No conlleva un esfuerzo mayor y si así lo hace, desistimos enseguida. Nos cuesta el esfuerzo, nos cuesta el esperar. Nos cuesta convencer al otro. Nos cuesta entender el valor del tiempo.

Pero hay algo que todavía no podemos manejar... Y es a los demás. Sus reacciones, sus sentimientos, las ganas, los tiempos del otro. Siguen y van a seguir siendo siempre del otro. Y por eso nos desestabiliza tanto. 
No podemos manejar lo que los demás tienen ganas (o no) de hacer. Puedo hablarle por todos los medios que quiera, puedo ver si lo leyó, preguntarle a su amigo dónde está, mirar sus últimas conexiones... Pero si no quiere responder, no lo va a hacer... Y no hay medio que pueda cambiarlo. Puedo querer amigarme con alguien y seguramente tenga mil maneras de acercarme, quinientas vías nuevas... Pero si no quiere, no quiere y punto. 

Creo que nos hemos vuelto más solitarios porque no nos acostumbramos a no manejar a los demás. Estamos en un mundo tan automático, del "ya" y del "ahora" que no entendemos y no queremos entender que al otro no podemos manejarlo a nuestro gusto. Entonces desistimos. Como no podemos manejar los tiempos de los demás, dejamos las cosas por ahí. No sabemos pelearla mucho. Creemos que no vale la pena. Y no es así. 

A veces sí "vale la pena luchar por lo que vale la pena tener". A veces esperar es bueno. A veces hay mejores soluciones que la huida, que sin duda de "solución" tiene poco y nada.

Esperar algunas veces nos hace crecer. Hay personas, situaciones que merecen paciencia... No son todas, claro está. Pero nos falta tanto la ciencia de la de paz, nos faltan tantas ganas de esperar... Nos cuesta postergar algo. Nos olvidamos que vivir el hoy es importante, pero que a veces sí es bueno dejar algo para mañana. (Y lo dice una ansiosa de las buenas).