Ojalá

No podemos obligar a querer a nadie. Podemos hacer todo para que nos quieran, eh? Todo. Pero no es suficiente. No nos van a querer por buenos... Más probable es que nos tengan lástima, lamentablemente. No queremos a quien tenemos que querer y a veces lo único que nos hace felices, está mal, no corresponde, o a nadie le parece bien.
Y si, somos así. Vamos y venimos buscando volver "a los sitios donde amamos la vida" o a las personas que nos mostraron otra parte de los domingos de tarde, los lunes de mañana, las risas entre medio de llantos. 
Buscamos volver a esas pocas y únicas personas que lograban (o logran todavía, cuando quieren) hacernos llorar con la misma fuerza que pueden hacernos reír. Queremos volver a esos que pueden generar en nosotros un nudo en el pecho así fuerte, que aprieta, que nos oprime... Y también esas ganas de vivir inmensas, esos días de buen humor inexplicables, esos momentos de felicidad irrompible, esa risa sin sentido y esas sonrisas en frente a una pantalla, aunque parezca tan tarado.
Buscamos ir a esas personas que nos hacen sentir que estamos vivos... Que son pocas, no sé por qué, y la mayoría de las veces no son las que quisiéramos que fueran, la que nos recomiendan o las que nos hacen la vida más llevadera... Muchas veces son esas personas que aparecen y desaparecen, esas de las que no sabemos qué esperar, pero de las que tampoco aceptamos que nos digan qué van a hacer porque "nadie los conoce como nosotros, no?" 
Podemos darnos cuenta de cómo están, de qué necesitan, de si se acuerdan o no de nosotros... Pero no podemos hacer nada frente a eso... No sé, llamale orgullo, dignidad, como quieras... Dependerá el caso, pero nada podemos hacer con lo que sabemos o intuimos de "esas personas". 
Tantas veces decimos "No sé por qué, pero estoy segura"... Es que nos conocemos tanto... No necesito hechos para tener certezas, no es necesario ver para saber, ni tampoco se da el "ojos que no ven, corazón que no siente"... Porque con esas personas, primero sentimos... Seguro.
 Sabemos cómo están, qué necesitan, cuánto extrañan un abrazo... Y sin cruzar una palabra. Y daríamos todo por poder estar ahí, aunque sepamos que no es lo mejor.
Ya leí una vez: "Nunca se me dieron bien las matemáticas, así que no sabía resolverte los problemas. Pero ojalá hubieses sabido el antojo que tenía de ser la solución".
Ojalá todos encontremos eso otro, esa paz inmensa que nos dan las personas que nos quieren bien. Esa seguridad y esa tranquilidad... Aunque no sean lo mismo, no sean igual de emocionantes, son necesarias y a veces necesitamos ese tipo de personas en nuestras vidas, más estabilidad capaz.