El que juzga, pierde.

El que juzga, pierde. Lo aprendí en el último tiempo... No nací con eso incorporado, como dicen que vienen los niños ahora. 
Alcancé a perder mucho por juzgar, y probablemente me siga pasando... No soy perfecta, y como dije antes, no me es algo espontáneo.
Hay ciertas actitudes humanas para las que claramente no encuentro explicación, no justifico todo lo que hacen las personas, ni si quiera logro entender muchas de las cosas que hacemos. Pero tampoco las juzgo.
No hablo de grandes cosas. Obviamente que no entiendo ni quiero entender a quien mata a alguien o algo similar. No hablo a esos niveles, lógicamente.
Estoy hablando de cosas más simples y tan complejas... De los sentimientos por ejemplo. De las elecciones de vida. De los caminos de cada uno. De los gustos, los tiempos, las ideas.
El que juzga, pierde (dije al principio) Y si. Pierde la posibilidad de conocer, de escuchar, de identificarse o de sentirse tan distinto al otro. 
El que juzga, y mas aun el que prejuzga, se pierde del contraste humano, de conocer lo que podría habernos pasado, lo que pasa en otras cabezas, en otros corazones, en otras vidas... No tan alejadas a las nuestras, muchas veces.
No quiero dar con esto la imagen de que nada me sorprende. Los que me conocen saben que es fácil sorprenderme, que en muchas cosas soy bastante convencional y que no van a dejar de dejarme sin palabras muchas de las cosas que veo y conozco día a día. Pero ahora, al menos, me permito conocerlas. Verlas sin dar mi opinión, que no me la están pidiendo.
Escucho sin juzgar, miro sin hablar, abrazo sin retar ni reprochar. 
No siempre, pero a veces, cuánta falta nos hace la comprensión. Que no significa estar de acuerdo, sino ser más abiertos y receptivos a lo que le pasa al otro.
No se preocupen, no se es menos por aceptar los errores de los demás... Y cuánto bien podemos hacer. Cuánto bien nos hace aquel que solo nos presta un oído y un abrazo cuando ya sabemos que hicimos algo mal.