¿Sabes qué? Te cuento un secreto: Me hubiera encantado que ocuparas otro lugar en mi vida. Si hubiera sido mi decisión, sin dudas serías la persona que me rescata. Hubiera dejado todo porque fuera ese tu lugar. De verdad. Serías por quien cambiaría lo que nadie más puede cambiar de mí.
Pero esa decisión no era mía, era tuya, o de nadie. No sé y no quiero saberlo. Prefiero pensar que se dio así, aunque me duela.
Porque no ocupaste ese lugar y probablemente no lo hagas nunca. En vez de ser quien me sacaba de mis peores situaciones, me perdonaba por mis mil errores, me hacía cambiar y me convertía en una mejor persona, fuiste todo lo otro. Fuiste el que sacó lo peor de mí, al que no le importó mucho como estaba yo, si hacía las cosas mal o no, fuiste el que me dejó ahí tirada esperando que alguien venga a cincharme para salir a flote de nuevo.
Aunque quiera mentirme a mí misma, aunque me guste creerme que en algún momento algo de lo que hiciste fue por mí, que te importaba pero no lo sabias demostrarlo, hoy sé que no.
Y sé también, que si decidieras hacerlo ahora, si quisieras volver a ser eso que tanto quise que fueras en mi vida, tampoco tendría ya sentido.
Es que de verdad. Te juro que me hubiera encantado que fueras lo que no quisiste ser. Te hubiera elegido siempre como primera opción y si pudiera cambiarlo, lo haría. Pero no. Elegiste ser otra persona en mi vida... Y yo no pude o no supe hacer nada para evitarlo. No te importó nunca si yo estaba mal, no te interesó escuchar lo que eras para mí, estabas muy preocupado pensando en vos.
Y no me quejo, no me enojo.
Solo te recuerdo y me gusta que quede claro, que si por mí fuera, hubieras sido mi primera y única opción, y que si no es así, ya no es responsabilidad mía.
Yo te juro que quise. Y te lo juro innecesariamente, porque más que lo sabes.
Y así te despido, sin rencor, sin rabia, sin nada. Como vos querías.
