Paso un montón de mi tiempo luchando contra algunas cosas mías. Desde hace mucho. Contra las mismas cosas. Y a veces logro grandes avances... Que terminan (casi siempre) en un retroceso al mismo lugar desde donde empecé. Entonces de nuevo empiezo contra eso. Contra partes de mi carácter, contra esa debilidad siempre por las mismas cosas, esa falta de firmeza con las personas que me hacen mal. Siempre contra lo mismo, siempre con la misma estrategia.
¿Los logros? Si, son pocos, poquísimos siendo sincera. Y los enojos cuando de un momento a otro tiro mis chiquititos avances al carajo, son enormes. Son rabias inmensas.
Entonces, después de invertir un montón de horas, de ganas, de intentos en cambiar esas cosas, pruebo algo nuevo.
Intento amigarme con esas cosas mías, con aceptarlas, abrazarlas, quererlas y sentirme orgullosa de esas partes de mierda de mí. Que también son yo. Que también están ahí, adentro mío.
Al principio me cuesta, y la verdad, ese principio es bastante largo... Porque me sigue costando.
Pero me duele menos, me acepto más, me juzgo menos, me cuido más.
Soy eso, con todas esas partes que me gustan de mí, esas partes por las que mis amigos me quieren.
Soy esas ganas de siempre escuchar a quien sé que me necesita, esa necesidad de preocuparme por el que menos se lo merece, esa falta de orgullo tremenda, ese perdón fácil de conseguir, ese abrazo de verdad, esas ganas de llevarme bien con todos, esa capacidad de olvidarme de lo que lastima, esa facilidad de ver lo más lindo de cada uno, y quedármelo.
Y también soy todo eso otro. Toda esa parte insoportable de mi. Ese saco de nervios, esa bestialidad para decir las cosas, ese carácter de mierda cuando algo no me sale como quiero, ese mal humor sin explicación, esa histeria imbancable, esa exageración constante, esa sensibilidad extrema, esas ganas de hablar sin parar que te taladran la cabeza, esa loca psiquiátrica de a ratos, esa rostra que te da vergüenza ajena, ese caos mental cada dos por tres, esa loca de mierda.
Y no somos dos personas distintas, somos lo mismo, y nos necesitamos siempre para existir.
Es raro, pero es así.
Quiero tantas cosas "difíciles" o "feas" de los demás, que ahora pienso si no será posible que esos poquitos que me quieran, me quieran así, con esos dos lados tan distintos y tan relacionados.
Ya lo dijo esa loca que escribió un libro que tanto quiero, que tanto significó para mí: "Me entiendo en mi desorden. En mi incoherencia. Soy todo, depende del día"
Buena semana a todas las partes de vos. Querelas, a todas por igual. Valen lo mismo, te juro.
