Esa atención, solo esa.

Querernos, pero querernos bien. 
Es que a veces las personas no podemos controlar la manera de querer. Será que queremos demasiado o de una manera desesperada. Será tal vez que no sabemos entender que no podemos hacer del otro lo que queremos, que no podemos obligar al otro a querernos. 
Y eso nos desespera. Y así pasamos de querer a alguien a obsesionarnos por alguien. A darlo todo, a destrozarnos por alguien.
Y somos capaces de más de lo que creíamos con tal de lograr un poquito de la atención del otro, un poquito aunque sea. 
Y eso nos deja satisfechos, pero solo hasta dentro de un rato, hasta que tengamos que volver a pensar qué hacer para tener esa atención que tanta falta nos hace. Ese momento de atención que es como una carga de oxígeno. Es nada, pero para nosotros es tanto. 
Y por eso nos desvivimos, nos olvidamos de nosotros mismos. Es que de verdad no nos importamos en ese instante. Solo nos importa lograr eso, alcanzar ese ratito de felicidad. 
Pasa que no podemos soportar el dolor de entender que realmente no le importamos. No podemos ni queremos aceptarlo. 
 Y así vamos a seguir, intentando buscar esa atención de segundos que usamos para hacernos creer a nosotras mismas que "algo nos quiere". Eso que usamos para justificar todo, absolutamente todo lo que hace.