Tengo la idea de que está de moda ser orgullosa u orgulloso. O decir que lo somos.
No sabría decir por qué, pero creo que nos estamos confundiendo. Creemos que por tener ese orgullo enorme, como un muro gigante, nos estamos valorando más a nosotros mismos.
Y no estoy de acuerdo, una vez más.
No creo que por guardarnos lo que sentimos, por hacer creer que ya no nos pasa nada, que no nos importa, que no nos duelen las cosas, nos estamos valorando más.
Hay cosas que no tenemos que evitar. Hay cosas que nos pasan y que nos tienen que pasar. Que tienen que ser así.
Si nos lastiman ¿Cómo no nos va a doler? ¿Cómo no vamos a estar mal? No se puede. Y es normal. Y es lógico. Y es VERDAD, que es lo más importante.
Nos duele, cuando nos lastiman, a todos nos duele. Y si estas lastimado, ¡Estás mal! Y es natural que así sea. Es sano estarlo.
Siempre voy a preferir a esas personas que lloran cuando están mal, que te dicen que te quieren cuando así lo sienten, que no se guardan lo que les pasa por miedo a cómo pueda verse.
Porque esas personas, las de verdad, las transparentes son en las que sigo creyendo.
Porque esos mismos, cuando esté mal yo, quizás, sean de las que no me vengan a decir cómo tengo que estar. Seguramente sean de las que vengan y me abracen fuerte y se queden conmigo.
Porque no quiero gente que me diga "no llores que te van a ver mal".
Prefiero esos otros, esos que te dicen que si estas mal, llores con todas tus fuerzas, que es la única manera de sacar todo lo que te está lastimando, que no importe quien te está viendo, que no hay motivos por los cuales ocultar como te sentís, que a todos nos pasa y que todo pasa.
