Desconfiamos de ser felices

Dicen que cuando algo te duele aprendes, dicen. Y yo creo que algo aprendí. Y si pudiera decirle algo a alguien hoy, sin dudas le diría que nunca pierda una oportunidad de ser feliz. Nunca. Porque yo no sé si es verdad eso de que cuando todo está mal es porque va a venir algo muy bueno, o si es solamente un consuelo. Pero al revés si me ha pasado. Y nadie lo dice porque no es muy lindo de escuchar. Pero cuando estás en esos momentos de felicidad enorme, que no cambiarías nada, que todo es perfecto... Y... Yo que sé, no dura mucho. Aunque sea feo de decir y más feo de escuchar. Y no lo digo por decir algo así, que suelto solo suena feo sin sentido. Lo hago porque creo que tenemos que aprender a apretar fuerte la felicidad cuando la tenemos ahí, que esos momentos que haríamos eternos tenemos que intentar hacerlos durar, y si no se puede, al menos de aprovecharlos al máximo. De no distraernos con pavadas, de no opacarlos. 
Es muy humano no aceptar siquiera cuando todo anda bien, porque enseguida, aunque sea sin querer, intentamos arruinar algo. Desconfiamos de ser felices. No nos resistimos al bienestar. No lo entendemos, no estamos acostumbrados y cuesta mucho aceptarlo. 
Y cuando pasa, cuando termina, cuando ese momento, esa persona, ese lugar, esos días o lo que fuera que nos hacía tan felices se va, no entendemos por qué no lo disfrutamos más y mejor o por qué lo arruinamos y trabajamos para lograr que se fuera, que se terminara.
Así que cuando seas feliz, sé consciente (si se puede), valoralo, alejate un poquito y mírate desde afuera, solamente para verlo desde otro lado, para hacerlo durar, para cuidarlo lo más que puedas y admirarlo, admirarlo mucho. Para agradecerlo, para guardarte las sensaciones, porque sin duda son los recuerdos más lindos, más que las imágenes, que los olores, que los sonidos... Las sensaciones son inmensas, tanto que no pueden trasmitirse. 
Acordate de lo que dice una boba de por ahí, apretá fuerte la felicidad para que no se escape... Aunque igual vaya a hacerlo. Al menos peleaste para que no se fuera, para que durara lo más posible, incluso sabiendo que son momentos y que terminan. Como todo, o como casi todo.