A los golpes

Crecí queriendo ser grande, pensaba que podía ser adulta en un cuerpo de niña. Estaba segura de que pensaba como "los grandes". 
Y de repente tenía que ser grande, que hacerme cargo de lo que pensaba, decía y hacía. Y me sentí niña. Quería ser niña. Sentí más miedo a todo que cuando era una niña chiquita, que no tenía miedos. O si, le tenía miedo a las arañas.  
Sin embargo, antes no tenía miedo a querer, a tener que dejar de hacerlo, a extrañar, a nada de eso. Y ahora sí. Pero ahora no podía jugar a ser una niña en un cuerpo de grande... No me dejaban.
Y entonces me escondí, evité todas las personas que me daban esos miedos. Pero no fue suficiente, las personas vinieron igual, aparecieron donde yo estaba, o me convencieron de que fuera a ellos, no sé. Y les creí, como la niña que había adentro, que no hacían nada, que no lastimaban. Lo hicieron. Pero no sé si me mintieron, a mi me gusta pensar que esas personas también tienen niños adentro que no saben bien qué hacer y que se equivocan, como me equivoqué yo yendo contra los miedos sin estar preparada. O tal vez no, tal vez sea la única manera de enfrentarlos, aunque duela, mucho. Aunque demore en curar y aunque traiga otros miedos nuevos. 
Capaz nos hacemos así, a los golpes.