Pasan como un huracán

¿Nunca te pasó de sentir que fuiste mucho más lento que el otro? ¿Nunca sentiste que alguien pasó, te lastimó y se fue? Así como un terremoto, así de parecido. De golpe y porrazo. Y no te dio tiempo, no te dio tiempo a acomodarte para que la caída te doliera menos. Te diste vuelta y ya te estaba tapando la ola, y vos que ni siquiera la habías visto venir... Y te revolcó por todos lados.
Es que hay personas que pasan así por nuestra vida, como un tsunami. 
Llegan cuando está todo en orden, todo tranquilo y en calma... Esa calma sospechosa, la que antecede al huracán como le dicen algunos. 
Y después, cuando queres acordar, todo quedó destrozado, desordenado, todo es un caos.
Y vos no entendes cuándo pasó todo eso, donde estabas, qué estabas haciendo.
Es que esas personas no nos dan tiempo de entender lo que quieren hacer en nuestras vidas, no nos dan espacio a pensar si queremos que entren en nosotros o no, cuando ya pasaron, hicieron de las suyas, se fueron y desaparecieron. 
Y nosotros, que no sabíamos bien lo que queríamos, que habíamos terminado recién de armar nuestra vida como los niños cuando terminan de armar la casita de los muñecos, que está así, inmaculada. 
Nosotros, que estábamos en eso, ahora tenemos que reordenar ese desastre que quedó, juntar los pedazos que sirven, armarlos otra vez, tirar todo lo que se rompió para siempre. Y empezar nuevamente.
¿Y para qué? No sé bien, porque seguramente cuando el caos esté casi resuelto, cuando esté nuestra vida prácticamente ordenada, con todo ese esfuerzo que nos costó. 
Cuando creamos que ya reforzamos todas las entradas y que estamos seguros en nosotros mismos, no me preguntes cómo, pero siempre aparece un nuevo huracán.
Pero son esos huracanes, créeme, los que le dan sentido a la vida.